Meditación para principiantes en 5 minutos
Mucha gente piensa que meditar consiste en dejar la mente en blanco, y por eso abandona a los dos minutos: «no puedo parar de pensar, esto no es para mí». La buena noticia es que meditar no es dejar de pensar. Y que puedes empezar hoy mismo con solo cinco minutos.
En esta guía de meditación para principiantes te explicamos qué es meditar, qué beneficios se le atribuyen y te proponemos una práctica sencilla paso a paso.
Qué es meditar (y qué no es)
Meditar es entrenar la atención. En la forma más básica, consiste en elegir un punto de foco, como la respiración, y volver a él cada vez que la mente se distrae. Ese «volver» es el ejercicio. No se trata de no distraerse nunca, sino de darte cuenta y regresar con amabilidad.
Meditar no es:
- Dejar la mente en blanco.
- Una práctica exclusiva de ninguna religión.
- Algo que requiera horas, posturas complicadas o un lugar especial.
Distraerte no significa que estés meditando mal. Darte cuenta de que te has distraído es exactamente meditar.
Beneficios que se le atribuyen
La meditación, y en particular las prácticas de atención plena o mindfulness, se ha estudiado mucho en las últimas décadas. Las investigaciones sugieren que una práctica regular puede ayudar a:
- Reducir la sensación de estrés.
- Mejorar la capacidad de concentración.
- Gestionar mejor las emociones y reaccionar con menos impulsividad.
- Conocerte mejor al observar tus propios pensamientos.
Los efectos varían de una persona a otra y suelen notarse con la constancia, no en una sola sesión.
Tu primera meditación de 5 minutos
- Busca un sitio tranquilo. No hace falta silencio absoluto, solo un lugar donde nadie te interrumpa durante unos minutos.
- Siéntate cómodo. En una silla con los pies en el suelo y la espalda recta pero relajada. También puedes sentarte en un cojín.
- Pon un temporizador de 5 minutos. Así no tendrás que mirar el reloj.
- Cierra los ojos o baja la mirada. Lo que te resulte más cómodo.
- Respira con normalidad y lleva la atención a la sensación del aire entrando y saliendo, por ejemplo en la nariz o en el abdomen.
- Cuenta las respiraciones del 1 al 10 si te ayuda. Al llegar a 10, vuelve a empezar.
- Cuando te distraigas, vuelve. Si te das cuenta de que estás pensando en otra cosa, simplemente nota «estaba pensando» y regresa a la respiración, sin juzgarte.
- Al sonar el temporizador, abre los ojos despacio y quédate unos segundos notando cómo te sientes.
Dificultades habituales
- «No paro de pensar». Es completamente normal. Cada vez que vuelves a la respiración estás fortaleciendo tu atención.
- «Me aburro». Prueba a observar el aburrimiento con curiosidad. ¿Dónde lo notas en el cuerpo?
- «Me quedo dormido». Medita sentado en lugar de tumbado, o a otra hora del día.
- «No tengo tiempo». Cinco minutos son suficientes para empezar. Puedes hacerlo al despertar o antes de comer.
Cómo convertirlo en hábito
- Medita siempre a la misma hora, vinculado a algo que ya haces (después del café, antes de ducharte).
- Empieza con 5 minutos y alarga poco a poco si te apetece.
- Si un día no puedes, no pasa nada. Lo importante es retomarlo.
- Apunta cómo te sientes después de cada sesión durante un par de semanas. Te ayudará a notar los cambios.
En resumen
Meditar es entrenar la atención volviendo una y otra vez a un punto de foco. No necesitas experiencia, ni tiempo de sobra, ni dejar la mente en blanco. Con cinco minutos al día y algo de paciencia contigo mismo, puedes empezar a notar más calma y claridad.
Para incorporarla a tu día, mira nuestra propuesta de rutina de mañana consciente.
Este artículo tiene un fin divulgativo. Si tienes un problema de salud mental, consulta con un profesional antes de empezar cualquier práctica.